viernes, 15 de junio de 2007

Cambiar el mundo

Hoy, releyendo los escritos de este blog, me doy cuenta que he cambiado bastante mi forma de pensar desde aquellos días al final de bachillerato, cuando si acaso me afeitaba (no hacía falta) e imaginaba el mundo como un lugar pequeño donde los sueños soñaban con ser grandes. Y veo cómo todas esas grandes ideas de cambios y liderazgo por el mundo, ese pequeño mundo que merecía que alguien lo cambiase y así llegar a ser un lugar mejor, se fueron simplemente dispersando. No porque se debilitara mi "espíritu", sino porque cambiar el mundo dejó de tener sentido, así como uno se da cuenta que no tiene sentido correr más rápido para alcanzar al que va delante del primero, y que si lo intentamos no haremos más que desgastarnos y sufrir sin darnos cuenta de que simplemente somos los primeros.

Entonces recuerdo una reflexión que escuché por aquellos días, no me acuerdo exactamente dónde la leí o si alguno de ustedes la trajo a colación, lo que me recuerda es en las bancas de la cafetería de las salesianas donde soñábamos con los grandes cambios y en ese entonces me parecía que si algún día la afirmaba era porque ya estaba viejo:

Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar solo mi país. Pero con el tiempo me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: Si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y -quien sabe- tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo. (Encontrada en la lápida de un obispo anglicano en la Abadía de Westminster).

Y algo me hace pensar que ya estoy viejo...
Bueno por lo menos no tuve que llegar al lecho de muerte por vejez para afirmar esa reflexión. Sin embargo la muerte puede llegar mañana y aunque me siento vital y poderoso simplemente ya no quiero cambiar al mundo. De todas forma la idea nunca dejará de ser tentadora, pero como Neo, cuando te das cuenta de que es la mente la que se dobla deja de tener sentido doblar la cuchara con las manos.

El mundo es una enorme bola de cristal, quien le intenta dar forma y esculpirla le daña y le destruye, quien intenta guardarla para sí la termina perdiendo, lo mejor es comprender que somos parte de su forma misteriosa y, tan estúpido como suena, deje así, que ni tú ni yo ni nadie decide lo que vendrá, y cuando nos disolvamos simplemente seguirá rodando.

Nosotros inventamos al mundo, inventamos el arriba y el abajo, lo sucio y lo limpio, lo claro y lo oscuro, lo bueno y lo malo, respecto al universo estos no son más que nombres arbitrarios mientras su realidad está allí, simple y "obvia", ajena a calificativos; y le tiene sin cuidado lo que queramos hacer con nuestro invento de mundo.

Si me preguntan, yo quiero cambiar el mundo...
quiero cambiarlo por el universo, y simplemente sentirme parte de él.

Lo más probable es que no me entiendan,
que piensen que soy contradictorio,
no se preocupen,
lo que escribo no es para ustedes
es para mí,
es para recordarme qué es lo que pienso...

7 comentarios:

  1. Por que no entenderte cuando en definitiva nuestros pensamientos al respecto del mundo y de los sueños han crecido juntos y como conclusión se asemejan en mucho más que las palabras… Creo comprender muy bien la idea que esbozas y màs cuando la siento coincidente con mi anterior participación en esta pagina.
    Ahora hablo por mí, y por lo que el texto me dice de ti. A mi parecer en esencia seguimos siendo unos soñadores con el mismo objetivo de hace unos años, no obstante hemos perfeccionado el metodo que nos guia para recorrer el camino. Hemos aterrizado nuestras ideas…
    En fin. Querido Lama del Sur, la vida es un mar inmenso; los sueños las estrellas; aquellos que queremos, la única tripulación posible; el puerto de llegada…

    Un abrazo mi hermano!

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  2. En el supuesto caso que Dios haya creado al hombre para destruir una obra fallida ( De la cual el hombre hace parte ), nadie podria acusarlo de negligente ( Al hombre claro )
    Esto resume su pensamiento acerca de de los esfuerzos individuales.

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  3. Maestro kRuben, respetuosamente, has escuchado aquello de: "Que tiene que ver el caldo con las taja's" . . .

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  4. Ole, pero sumercé es viejito porque un dia me dijo que tenia mas de yo no se cuantos miles de millones de años.
    A mi se me olvidó soñar y dejè tirado mis sueños, ahora soy menos ambiciosa y sueño con cosas pequeñitas, que pueda alcanzar, quizás para no sufrir más desilusiones innecesarias. No sé, al final del colegio yo soñaba como la lechera y mi jarrón se cayó... Ya no sé que esperar, el dia a dia me absorve y donde quedó la mania de soñar??
    Vaya que me gusta leerte!!

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  5. carajo que estamos destinados pareciese al caos y la destrucciòn soy claro
    jajajaja

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  6. yo estoy totalmente de acuerdo con alfonso "Que tiene que ver el caldo con las taja's" . . . a ruben como que lo afecta la fria Bogota
    jose francisco un gran hombre dijo alguna vez "Conocete a ti mismo"
    yo le agregaria: "y entenderas el origen de las cosas"
    somos carne y alma, somos luz y sombra somos paradoja hecha hombre o mujer depende el caso

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  7. Gracias a todos por sus comentarios...

    Foncho, tú lo has dicho, la vida es un océano infinito donde el único puerto de llegada es uno...

    Rubencho, yo tampoco te entendí, supongo que la hipotermia te tiene desvariando... ;)

    Cere, con gusto.

    Katia, yo remataría diciendo que al entender el origen de las cosas también te encontrarás a ti mismo, es más yo recetaría que observando y entendiendo el origen de las cosas puede hacer que sea más fácil conocerte a ti mismo. (en palabras más matemáticas podría decir que entender el origen de las cosas es condición necesaria más no suficiente para conocerse a uno mismo).

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